Marco Mendoza es licenciado en Geografía y Ciencias de la Tierra por la Universidad de las Islas Baleares, graduado en Ingeniería e Informática por la Universidad de Westminster (Londres), con un máster en Administración de Empresas en Nueva York. Completa su formación con un posgrado en gestión de proyectos de ciencia de datos por la Universitat Oberta de Catalunya, un máster en desarrollo de herramientas de inteligencia empresarial aplicadas a sistemas de información geográfica (SIG) y un máster en implementación de proyectos basados en blockchain en el MIT de Boston.
Ha desarrollado su trayectoria profesional en el ámbito del análisis territorial, la tecnología y las políticas públicas, con experiencia docente en la Universidad de las Islas Baleares y en el Ministerio del Interior. Ejerció como analista senior en la Dirección General de Cooperación del Ministerio de Asuntos Exteriores, especializándose en planificación estratégica, análisis de datos y desarrollo de proyectos internacionales.
Entre 2008 y 2012 participó en proyectos de cooperación y sostenibilidad ambiental, incluyendo iniciativas de innovación vinculadas a la reducción de emisiones, responsabilidad social corporativa y economía circular, colaborando con administraciones públicas y organismos institucionales. En este período impulsó proyectos basados en biotecnología aplicada a la gestión de residuos y colaboró con la Dirección General de Cambio Climático del Gobierno de las Islas Baleares.
Posteriormente, profundizó en el desarrollo tecnológico y la escalabilidad de soluciones digitales avanzadas, combinando sistemas de información geográfica, análisis masivo de datos, inteligencia empresarial y, más recientemente, tecnologías emergentes como el blockchain. Esta evolución profesional culmina con la fundación de TrueWorld, una organización de alta tecnología orientada al desarrollo de plataformas avanzadas para el análisis, monitorización y gestión de los riesgos presentes y futuros asociados al cambio climático.
Actualmente, Marco Mendoza es fundador y CEO de TrueWorld y presidente de la Fundación Joves Navegants, desde donde lidera proyectos de base científica y tecnológica con vocación internacional, integrando conocimiento académico, desarrollo digital y aplicación institucional.
La misión de TrueWorld es organizar los datos ambientales del mundo y proporcionar información de forma objetiva, científica y transparente a todos los actores para contribuir a la mitigación de la crisis climática.
La Fundación Joves Navegants, que preside, se centra en acercar la tecnología, la ciencia y la navegación sostenible a los colectivos más vulnerables de nuestra sociedad.
1. Después de estudiar todo lo que ha estudiado, ¿estudiaría algo más? ¿Qué? ¿Por qué?
Aunque se trata de disciplinas todavía poco accesibles a alto nivel, considero que esta formación es una de mis prioridades personales en lo que se refiere al desarrollo profesional inmediato, siempre que las circunstancias personales —familia, compromisos y salud— lo permitan. Son áreas clave que marcarán profundamente el desarrollo científico, tecnológico y económico de los próximos años, y que tienen un impacto directo en los campos en los que trabajo.
2. ¿Qué datos le faltan para alimentar su proyecto de crear un gemelo digital del mundo?
La disponibilidad de datos no es homogénea a nivel global. Determinados territorios de Asia, África y Europa del Este siguen representando un reto, principalmente por factores geopolíticos, mientras que las altas latitudes suponen todavía una barrera física importante para la obtención de datos fiables y continuos.
De forma general, los datos que presentan mayores dificultades para alimentar el proyecto son los relacionados con la población, la salud y determinados sectores industriales específicos. En estos ámbitos, tanto la administración pública como la gran empresa ofrecen un acceso limitado a datos en tiempo casi real, y a menudo existen importantes restricciones vinculadas a la protección de la privacidad y a la garantía del anonimato. Este equilibrio entre disponibilidad de datos, calidad de la información y respeto a los derechos individuales es uno de los principales retos estructurales a la hora de construir un gemelo digital del mundo.
3. ¿Qué infraestructura se necesita para crear un gemelo digital del mundo? ¿Y dónde está físicamente?
Actualmente, la infraestructura necesaria para crear un gemelo digital del mundo se basa principalmente en servicios de cloud computing. La gestión y procesamiento de datos se llevan a cabo mediante plataformas en la nube como Azure IoT, Amazon Web Services y otros servicios equivalentes, que permiten escalar capacidad de cálculo y almacenamiento de forma flexible.
Sobre esta infraestructura se integran sistemas de información geográfica (SIG), modelos de análisis avanzado y algoritmos neuronales, desarrollados principalmente con lenguajes como Python, así como herramientas de desarrollo de interfaces y aplicaciones basadas en React, .NET o Angular, según las necesidades y preferencias técnicas de cada equipo.
Desde el punto de vista físico, es imprescindible contar con una elevada capacidad de computación y acceso a redes de alta velocidad. Más allá de algunos servidores de soporte, sistemas de copia de seguridad y soluciones de generación y continuidad energética para garantizar la resiliencia de los sistemas, la infraestructura física es relativamente reducida. El componente clave no es tanto el hardware como el conocimiento, la experiencia y la capacidad de integración tecnológica.
Actualmente, toda la infraestructura operativa del proyecto se encuentra alojada en el ParcBit.
4. ¿Qué coste tiene esta infraestructura y cómo se financia?
Me gusta ser transparente en ese aspecto. Aunque el proyecto se inició con el apoyo de la Universidad de las Islas Baleares y con financiación procedente de fondos europeos, su desarrollo ha requerido necesariamente inversión privada.
En una fase inicial, el proyecto contó con aportaciones de business angels y con una ronda de seed capital cercana al millón y medio de euros. Esta inversión ha permitido que tanto el equipo como la tecnología alcanzaran un alto nivel de madurez y capacidad operativa.
Actualmente, el coste operacional anual se sitúa en torno al millón de euros, lo que requiere una colaboración continuada con instituciones, gobiernos y empresas privadas. Este modelo de financiación es clave para garantizar la continuidad del proyecto y permitir su escalabilidad a nivel internacional.
5. Usted es de las pocas personas que cuando habla de datos le asocia la tecnología “blockchain” para asegurar la integridad del dato. ¿Nos puede explicar cómo funciona la tecnología “blockchain” en su empresa? ¿Qué redes de “blockchain” utilizan?
Lejos de intentar preservar ningún “secreto”, en TrueWorld compartimos abiertamente nuestra visión sobre la tecnología blockchain, claramente alejada del ámbito de las criptomonedas y de la especulación financiera. Para nosotros, la blockchain es, sobre todo, un sistema fiable para el almacenamiento, diseminación y custodia abierta e inmutable de la información, basado en principios éticos y de transparencia.
TrueWorld fundamenta su arquitectura blockchain en la red BSV, principalmente por criterios de escalabilidad, coste operativo y garantías de integridad del dato. Además, como miembros de la BSV Association, trabajamos directamente con mineros e infraestructuras de tercera generación, que utilizan energías renovables, minimizan el número de blogs y transacciones necesarias y maximizan la cantidad de información integrada por blog.
Esta estrategia permite reducir el consumo energético por dato registrado y optimizar el uso de formatos de almacenamiento eficientes, tales como ficheros JSON de tamaño reducido, asegurando al mismo tiempo trazabilidad, integridad y acceso público a la información crítica que sustenta nuestros modelos.
6. En la jornada del Parc Bit sobre gemelos digitales, comentó que los datos tienen diferentes velocidades de acceso y disponibilidad: algunas son fuentes abiertas, algunas tienen un peso difícil de gestionar, otras hay que pedirlas por correo y esperar a que te respondan. ¿Cree que habría que avanzar hacia una mayor homogeneización de acceso a los datos? En su caso, ¿cómo plantearía conseguirlo?
Desde mi punto de vista, la mejora no pasa sólo por crear más oficinas de gobernanza del dato, sino por establecer un marco legal bidireccional y operativo que permita el acceso abierto a los datos y que exija, especialmente en los proyectos públicos, que la información generada esté disponible para la comunidad científica y para proyectos de interés global. En nuestro caso, esto implicaría que los datos públicos se publiquen de forma estructurada, con estándares claros, actualización en tiempo casi real y criterios de interoperabilidad.
A nivel técnico, la seguridad, el anonimato y la integridad del dato ya pueden garantizarse con las tecnologías actuales. El verdadero reto es cultural e institucional. Por eso defiendo impulsar lo que llamo una revolución de los datos, donde el dato se entienda como un bien común, y donde la tecnología permita anticipar riesgos, mejorar la toma de decisiones y evitar tanto grandes catástrofes como una gestión posterior ineficiente.
7. ¿Una de sus soluciones tecnológicas sirve para calcular y reducir las emisiones limpias?cero en la organización de eventos. En este caso, ¿cuántos indicadores se analizan y cómo se recogen los datos? ¿Podría darnos algunos ejemplos?
Sí. Una de nuestras soluciones tecnológicas está específicamente diseñada para calcular, reducir y gestionar las emisiones netas cero en la organización de eventos de gran escala. Llevamos más de tres años trabajando en este ámbito, con proyectos que van desde los Juegos Olímpicos de París, hasta eventos deportivos recurrentes como la Copa del Rey de vela en el RCNP, así como campeonatos internacionales con FGC en Cataluña. Este mismo mes de enero aplicaremos la solución al Campeonato del Mundo de Skimo en la estación de Boí Taüll, también estaremos presentes en Fitur en Madrid, y este verano, por primera vez, calcularemos el impacto del Mundial de Fútbol para la FIFA.
En el caso de los eventos, llegamos a analizar cerca de 100 indicadores diferentes en tiempo casi real. Estos indicadores cubren toda la cadena de valor del evento y se alimentan de múltiples fuentes de datos: información geoespacial, herramientas de teledetección mediante satélites, integración de sistemas IoT ya existentes en las infraestructuras y, cuando es necesario, el refuerzo de las comunicaciones y la instalación de estaciones físicas de medida adicionales.
La combinación de estas fuentes nos permite construir un gemelo digital del evento en tiempo real, que nos da la capacidad de controlar y analizar el impacto ambiental desde el primer desplazamiento de un asistente a su país de origen hasta el último kilo de residuo generado durante el desmontaje. Esta visión integral es la que nos permite no sólo medir, sino también identificar puntos críticos, reducir emisiones y gestionar de forma eficiente los gases de efecto invernadero asociados a los acontecimientos.
En este sentido, nos hemos consolidado como un referente en todo lo que implica medir, reducir y gestionar de forma rigurosa el impacto climático de los grandes acontecimientos.
8. En proyectos como TruePorts o en la monitorización del litoral, se tienen que convertir datos muy técnicos (calidad del agua, ocupación de fondeos, riesgo de erosión..) en gráficos claros para los gestores. ¿Cuál es el proceso para transformar esa información en herramientas de decisión simples y útiles? ¿Qué herramientas utilizan para ello?
En proyectos como TruePorts y en la monitorización del litoral, el factor clave es la integración de equipos y fuentes de datos a bordo, combinada con una estrecha colaboración con el sistema científico e institucional del territorio. Trabajamos tanto con embarcaciones propias como con sistemas de terceros, facilitados por fabricantes como Navico, y con el soporte de redes de datos públicos y científicos del SOCIB, IMEDEA y la Universidad de las Islas Baleares, así como datos meteorológicos de AEMET. A esta base científica se suma la colaboración con las autoridades portuarias de las Islas Baleares, clubes náuticos y marinas privadas, así como el apoyo de fundaciones como Marilles, especialmente a través de referencias como el Informe del Mar Balear, y la colaboración con la Federación de Cofradías de Pescadores de las Islas Baleares, que aporta conocimiento directo del territorio y del medio.
El litoral es un ámbito que nos tomamos muy en serio. Los datos que obtenemos -procedentes de sondas multiparamétricas, sensores ambientales o hidrófonos- son altamente técnicas y difíciles de interpretar. Por eso, hemos desarrollado procesos de extracción y normalización que integran todas las fuentes en un sistema inteligente unificado, capaz de correlacionar matemáticamente cada dato y homogeneizarlo en indicadores dinámicos, claros y útiles para los gestores.
Este enfoque nos permite transformar información compleja en herramientas de decisión y modelos predictivos, con un objetivo muy claro: contribuir a la conservación de nuestro capital natural marino y costero, que consideramos clave para el futuro ambiental, económico y social del territorio.
9. ¿Qué perfiles profesionales necesitan para trabajar en TrueWorld y qué competencias considera imprescindibles para afrontar los retos tecnológicos y ambientales que aborda?
La captación de talento cualificado es hoy uno de los principales retos en las Islas Baleares. No disponemos todavía de suficientes ciclos de formación especializada a nivel local en ámbitos tecnológicos avanzados, al tiempo que el coste de vida dificulta mucho la atracción de profesionales altamente cualificados provenientes de fuera de las islas.
Desde el punto de vista científico y tecnológico, en TrueWorld necesitamos principalmente perfiles expertos en sistemas de información geográfica (SIG), modelización, desarrollo full stack y análisis de datos. A estos perfiles se le añade una segunda capa de técnicos ambientales con una visión más transversal, capaces de interpretar resultados y conectar la tecnología con la gestión del territorio y las políticas públicas.
Más allá de las competencias técnicas, consideramos imprescindible contar con personas dinámicas, con una elevada capacidad de aprendizaje y adaptación, capaces de trabajar en entornos interdisciplinares y con retos que evolucionan muy rápidamente.
En este contexto, el ParcBit puede jugar un papel clave como conector entre universidad, centros de investigación y empresa, impulsando programas de formación especializada, bootcamps tecnológicos, prácticas avanzadas y proyectos compartidos que permitan retener talento local y facilitar la incorporación progresiva de profesionales externos. Crear un ecosistema formativo y profesional estable es esencial para afrontar con garantías los retos tecnológicos y ambientales de los próximos años.
10. ¿Tienen alguna simulación sobre cómo la implantación del teletrabajo podría reducir la emisión de Co2 a nivel global para reducir desplazamientos por motivos de trayectos laborales?
Sí, tenemos simulaciones y casos monitorizados que nos permiten estimar el impacto del teletrabajo sobre las emisiones, sobre todo por la reducción de desplazamientos laborales. Nuestro enfoque es construir un escenario base con kilómetros de desplazamiento, medio de transporte, frecuencia presencial y cruzarlo con factores de emisión; después incorporamos los “efectos de compensación” más relevantes: aumento de energía en el hogar y, en su caso, reducción de energía en la oficina (ocupación real de edificios).
En términos de resultados, la investigación reciente da órdenes de magnitud muy útiles para contextualizar:
– A escala global, si todas las personas que pueden teletrabajar lo hicieran sólo 1 día por semana, la Agencia Internacional de la Energía estima una reducción neta de unos 24 Mt de CO₂ al año (un impacto modesto pero real, y escalable si aumentan los días).
– A nivel individual y organizativo, nuestro estudio muestra que el teletrabajo total puede reducir las emisiones asociadas al trabajo en el orden del 54%, mientras que esquemas híbridos de 2-4 días pueden reducir aproximadamente entre 11% al 29%; en cambio, 1 día/semana tiene un efecto mucho menor (en torno al 2%) porque parte de la ganancia se compensa con otros consumos y movilidad.
Sin embargo, el mensaje importante es que no es automático: depende mucho de la distancia y el medio de transporte. Por ejemplo, el IEA concluye que, si el desplazamiento está en coche y supera aproximadamente 6 km, el teletrabajo tiende a reducir emisiones; pero en trayectos muy cortos o en transporte público, el incremento de energía en casa puede llegar a compensar parte del beneficio.
En resumen: sí, se puede cuantificar y simular de forma robusta, y los resultados apuntan a que el teletrabajo —bien diseñado y a escala suficiente— puede ser una palanca real de reducción de emisiones, especialmente cuando se acompaña de gestión de edificios (ocupación real) y de estrategias para evitar los efectos rebote.
11. Dado que TrueWorld trabaja con tecnologías de monitorización y datos, y teniendo en cuenta el debate de la saturación turística en las Islas Baleares y las distintas perspectivas; ¿cuál sería la forma de medir de forma objetiva la saturación turística? ¿Existe tecnología para medir la capacidad de carga real de los municipios? ¿Cómo se monitoriza?
Desde el momento en que el debate sobre la saturación turística se ha intensificado en las Islas Baleares, desde TrueWorld nos hemos ofrecido a colaborar aportando una visión basada en datos objetivos, en tiempo casi real, y combinándolos con series históricas. Nuestra posición es clara: la saturación turística puede medirse, y existe tecnología suficiente para estimar la capacidad de carga real de los municipios de manera científica.
La saturación no es una única variable sino el resultado de la interacción de múltiples sistemas. Por eso, hay que analizarla como un sistema complejo, integrando datos de:
- Ocupación turística (plazas regladas, no regladas, estacionalidad),
- Población flotante y movilidad real (entradas, salidas, permanencia),
- Transporte (aéreo, marítimo, rodado),
- Consumo de recursos (agua, energía),
- Generación de residuos,
- Presión sobre servicios públicos (sanidad, limpieza, seguridad),
- Impacto ambiental (litoral, espacios naturales, calidad del aire y del agua),
- Bienestar social (acceso a la vivienda, ruido, congestión).
Las fuentes de datos para ello ya existen y son accesibles: datos geoespaciales y de teledetección por satélite, telefonía móvil anonimizada, sensores IoT urbanos, datos de aeropuertos y puertos, contadores ambientales, datos de consumo, información meteorológica y oceanográfica, así como fuentes institucionales y académicas. La tecnología permite integrar todo esto en gemelos digitales territoriales, capaces de monitorizar el estado del sistema y anticipar escenarios.
Desde un punto de vista científico, es ampliamente aceptado que la capacidad de carga se supera cuando un territorio entra en una fase de deterioro ambiental, pérdida de calidad de vida y rendimientos económicos decrecientes. En territorios insulares mediterráneos como Mallorca, los estudios muestran que esta capacidad se ve especialmente tensionada en episodios puntuales, cuando la población flotante puede llegar a duplicar o triplicar a la población residente, generando cuellos de botella claros en recursos hídricos, movilidad, residuos y litoral.
Por tanto, la pregunta ya no es si existe la tecnología ni cómo se puede monitorizar —esto ya es posible y lo hemos demostrado con ejemplos concretos—, sino quien decide implantar estos sistemas de manera estructural, quien los financia y, sobre todo, quien asume la responsabilidad de tomar decisiones a partir de los resultados.
Medir la saturación turística es técnicamente viable. Entender el turismo a partir del dato es relativamente sencillo. El verdadero reto es traducir este conocimiento en políticas públicas coherentes, que equilibren protección de los ecosistemas, bienestar social, igualdad, y crecimiento económico. Este paso no es tecnológico, es de gobernanza y requiere valentía, consenso y visión a largo plazo.
12. ¿Nos puede decir una película que enseñe tecnología con la que trabaja que pueda servir de inspiración?
Elegiría Tron, no tanto por su valor cinematográfico, sino por la visión conceptual que plantea. Ya en los años ochenta anticipaba un mundo híbrido, en el que el código deja de ser abstracto y pasa a tener una representación casi física, y donde la frontera entre el mundo digital y el mundo real se difumina. Esta idea es muy cercana a lo que hoy llamamos gemelos digitales: representaciones vivas del mundo real que permiten entenderlo, simularlo y tomar decisiones antes de actuar en él.
En cierto modo, Tron muestra cómo la información, los algoritmos y las reglas digitales pueden acabar condicionando —e incluso gobernando— el mundo físico. Es una intuición muy temprana de lo que hoy ya es posible con datos masivos, modelización y simulación en tiempo casi real.
También me recuerda lecturas como 1984 de George Orwell, no tanto por la vertiente distópica, sino por el papel central que juega la información y quien la controla. Esto conecta directamente con nuestro trabajo: la tecnología no es neutral, y la forma en que medimos, representamos y compartimos la realidad tiene consecuencias reales.
Si tuviera que añadir una alternativa más reciente, Avatar es también interesante desde el punto de vista de los sistemas complejos y la interconexión entre territorio, recursos y equilibrio ambiental, pero Tron sigue siendo, para mí, una metáfora muy clara del camino que ha seguido la tecnología hasta llegar a los gemelos digitales actuales.
13. ¿Puede recomendarnos un libro para aprender más sobre gemelos digitales y análisis de datos para mitigar los efectos del cambio climático y el calentamiento global?
Un libro que recomendaría especialmente para profundizar en el uso de los datos y el análisis avanzado aplicados a la mitigación del cambio climático es «Big Data, Artificial Intelligence, y Data Analytics in Climate Change Research», editado por Aboul Ella Hassanien y Ashraf Darwish, y publicado en 2023 por la editorial científica Springer.
Se trata de una obra de gran rigor científico que analiza cómo el big data, la inteligencia artificial y las técnicas avanzadas de análisis de datos se están aplicando para entender mejor los sistemas climáticos, anticipar impactos y definir estrategias eficaces de mitigación y adaptación al cambio climático. El libro combina una sólida base teórica con casos prácticos reales en ámbitos como la energía, el territorio, la gestión de recursos naturales y el apoyo a las políticas públicas.
A pesar de su nivel académico, es una lectura relativamente accesible para profesionales de la tecnología, la ciencia y la gestión, conectando directamente con conceptos clave como los gemelos digitales, la modelización de sistemas complejos y la toma de decisiones basada en datos. Es una obra especialmente adecuada para quien quiera entender cómo estructurar, integrar y explotar grandes volúmenes de información para afrontar el calentamiento global con criterio, evidencia científica e impacto real.
